Ser traductor autónomo frente a trabajar en plantilla: pros y contras

 In ¡Hola, futuros traductores!
Hay dos tipos de traductores en el mundo: los que trabajan en una oficina y tienen que llevar pantalones, y los que trabajan desde casa y pueden ir en pijama. También se les conoce como traductor en plantilla y traductor autónomo, respectivamente.

 

Está claro, ser capaz de trabajar desde casa con tu pijama de Pikachu suena bastante bien. Es más, suena a sueño hecho realidad, ¿no?

 

Para el carro. Ambas opciones, trabajar desde casa o en la oficina, tienen sus ventajas e inconvenientes.

 

Elegir entre un camino u otro puede resultar complicado, y depende mucho de tu personalidad y tus circunstancias. Puede que, si comparamos las ventajas y los inconvenientes de uno y otro, te resulte más fácil decidirte… ¡Pues eso vamos a hacer!

 

La vida en la oficina: una de las diferencias más importantes entre traductores en plantilla y autónomos es el espacio del trabajo.

 

Plantilla:

 

Como empleado de una empresa o una agencia, te tienes que levantar pronto (demasiado pronto), abandonar la calidez de tu casa (echas una mirada de envidia a tu gato, que se queda ronroneando al lado de la estufa) y dirigirte a la oficina, más allá del tráfico y las multitudes del metro. ¿Lo peor de todo? Te toca llevar esos pantalones.

 

Una vez allí, tienes que soportar algunos aspectos un tanto incómodos mientras trabajas. Las oficinas suelen ser ruidosas, con llamadas telefónicas, el golpeteo constante sobre el teclado, puertas que se abren y cierran, la charla de los compañeros, la risa de hiena de Maripuri dos mesas más allá… traducir es un trabajo que requiere mucha concentración, y puede ser difícil conseguirla cuando nos encontramos con tantas distracciones.

 

 

Por otro lado, el ambiente de la oficina tiene muchas ventajas. Para empezar, estás rodeado de gente, ¡de verdad! Tener compañeros te da la oportunidad de socializar y compartir un espíritu de camaradería. Interactuar con los demás, conversar en la pausa del café, hacer chistes cuando el jefe no te escucha… todo esto rompe la monotonía de la jornada y hace que el trabajo sea más agradable. Por lo general, las empresas impulsan el buen ambiente organizando salidas y encuentros. La cena de navidad a cuenta de la empresa o ganarse un jamón en la rifa suman bastantes puntos a la idea de trabajar en una agencia.

 

Y no nos olvidemos de la tradición de los pastelitos en cada cumple en la oficina. Cuanta más gente, más pastelitos.

 

Autónomo:

 

¿Y cómo es la vida de oficina para un traductor autónomo? Para la mayoría de los autónomos, la oficina y su casa es el mismo espacio. Esto significa que no tienes que desplazarte mucho ni lidiar con tráfico para ir de la cama a la cafetera y de ahí al ordenador. ¡Qué paz cada mañana! Aunque tengas un lugar designado para el trabajo, si un día quieres hacerlo desde el sofá, nada te lo va a impedir. Los pijamas y las zapatillas de dinosaurio son una indumentaria adecuada si no te apetece ponerte esos malditos pantalones. Esto depende de cada uno. Algunos traductores tienen una rutina mañanera muy profesional que les ayuda a prepararse para el trabajo.

 

A diferencia de la oficina tradicional, en tu casa no tienes que soportar las distracciones que hemos mencionado antes. Tampoco tienes que comerte reuniones aburridas ni burocracia corporativa que te rompa el ritmo de trabajo. Puedes estar tranquilo porque nadie te va a robar las croquetas del tupper que tienes en la nevera. Lo peor que te puede pasar es que tu gato se pasee por el teclado.

 

 

Por último, ya que la mayoría de las herramientas de traducción ocupan poco espacio (exceptuando los diccionarios de media tonelada), puedes llevarte la oficina donde quieras. ¿Hace mucho que no ves a tus padres? Puedes irte a su casa unos días y seguir trabajando. Así, logras tus objetivos profesionales, quedas bien con todo el mundo y disfrutas un poco de comida casera. ¡Buen plan!

 

Sin embargo, no todo el monte es orégano, y trabajar como autónomo tiene sus inconvenientes. Tu casa se vuelve tu fortaleza de la soledad. Pasarte 8 horas o más con la única compañía de tu gato puede hacer estragos en tu salud mental. La falta de compañeros puede hacer que tu rutina diaria se vuelva bastante tediosa.

 

Además, puede que tu familia y amigos no comprendan bien el concepto de trabajar desde casa, y en su lugar crean que no tienes nada que hacer. Recibirás llamadas inoportunas y comentarios jocosos sobre tu trabajo que seguramente acabarán rompiendo tu concentración.

 

Flexibilidad: otra gran diferencia divisora es la flexibilidad, o la falta de ella.

 

Plantilla:

 

Como traductor en plantilla, tienes la misma flexibilidad que una tabla con dolor de espalda. Tu horario es fijo y seguramente tu salario también. Las horas adicionales son prácticamente inevitables en este trabajo, lo que conlleva menos tiempo para ti mismo. Las vacaciones también están fijadas de antemano y debes repartirlas con cabeza. Por no hablar de las zancadillas a la hora de asignar dichos días libres. En general, es complicado llevar un equilibrio entre la vida y el trabajo. A veces tendrás que organizar tu vida sobre la base de tu horario de trabajo. Así es la vida.

 

 

No obstante, esta rigidez tiene su lado bueno: la seguridad laboral. Aunque por lo general no decidas las condiciones de tu trabajo, puedes estar seguro de que tu carga laboral sea consistente. En vez de perseguir los proyectos, ellos vienen a ti. A veces, incluso llega a acumularse, en cuyo caso tus compañeros te pueden echar una mano para domarlo de nuevo. Del mismo modo, puedes disfrutar de una escapada a la montaña sin preocuparte de acabar sepultado por una avalancha de trabajo a tu vuelta. ¿Lo mejor de todo? Sabes que vas a cobrar durante esos días en los que estás fuera.

 

Autónomo:

 

Los traductores autónomos tienen la flexibilidad de un chicle en clase de yoga. Tú eres tu propio jefe, así que tienes la última palabra en temas como: las horas de trabajo, las tarifas, los proyectos que aceptas y los que no y el número de días de vacaciones. Eres capaz de adaptar el trabajo a tu medida y es más sencillo mantener el equilibrio del que hablábamos (escribíamos) antes.

 

¿Eres noctámbulo? ¿La luz del sol te quema las retinas y las ganas de trabajar? No hay problema. Puedes ajustar tu horario según quieras. También cuentas con mucho más dinamismo si surge un problema inesperado o tienes otras obligaciones. Esto no significa que vayas a trabajar menos. Tienes que currar lo suficiente como para acabar todos tus proyectos antes de la fecha de entrega. A veces, esto se traduce en largas noches en vela y litros de café para mantenerte despierto. Menos mal que ya aprendiste a hacerlo en la uni.

 

Freelance translators coffee

 

También tienes control sobre tus vacaciones y tus días libres. Puedes organizarte como quieras y planear salidas cuando desees. Esto es una gran ventaja, sobre todo en momentos clave en tu vida en los que, por ejemplo, tengas que atender a tu familia. Sin embargo, esta flexibilidad tiene un precio, y es que esos días no se pagan. Las gallinas que entran por las que salen.

 

Al contrario que los traductores en plantilla, tú decides cuánto dinero quieres ganar dentro de lo razonable. Ya sabes, tú eres el jefe, y eres el que dicta cuánto cuestan tus servicios. También puedes elegir cuántos proyectos asumes, y por lo tanto cuánto ganas. ¿Lo mejor de todo? Si traducir ese manual de instrucciones de una lavadora te parece más aburrido que observar la lavadora en marcha, ¡no tienes que aceptar el trabajo!

 

El problema de este sistema es que, en la mayoría de los casos, tu trabajo no está garantizado. El volumen de traducciones fluctúa y depende de muchos factores. Como traductor autónomo tienes que encargarte de tu propio marketing y promoción mientras buscas trabajos y clientes. Este aspecto suele ser el más complicado. Para triunfar como autónomo tienes que ser muy organizado y contar con una enorme iniciativa. La motivación es fundamental. Una cuenta bancaria vacía y una dieta de fideos de microondas suelen motivar mucho.

 

 

Por la cuenta del otro: los traductores en plantilla cuentan con unas ventajas adicionales relacionadas con el trabajo en una empresa.

 

Al ser empleado, puedes librarte de algunos costes como:

 

Equipo:
  • Para empezar, la empresa corre con los gastos del equipo que sea necesario para tu trabajo: ordenadores, impresoras, internet, herramientas de traducción y lo más importante, la cafetera. Por desgracia, para el traductor autónomo, todos estos gastos salen de su bolsillo.

 

Formación:
  • La empresa se encarga de formar a sus empleados. Para los más novatos en el uso de herramientas de traducción, esta formación es un regalo caído del cielo para dar los primeros pasos en el mundillo. El traductor autónomo deberá ser autodidacta o buscar cursos de formación por su cuenta.

 

Impuestos y beneficios:
  • Por último, y probablemente más importante, están los beneficios e impuestos laborales. Ya hemos hablado de las vacaciones pagadas, pero también es responsabilidad de la empresa encargarse de contribuir con impuestos que luego irán dirigidos al empleado, permisos por maternidad/paternidad, asegurar a sus empleados, planes de pensiones y jubilación… de nuevo, un traductor autónomo deberá pagar de su bolsillo estos gastos.

 

De todas formas, debemos tener en cuenta también que estos impuestos y remuneraciones dependen en gran medida del país. En Estados Unidos, por ejemplo, el hecho de tener un seguro de salud privado y un plan de pensiones pagados por la empresa es esencial. Sin embargo, en países como España, en los que el sistema de pensiones y seguridad social son públicos, pagas por ambos con tus impuestos sin importar si eres un traductor en plantilla o autónomo. Lo que quiere decir que, dependiendo del país, estos beneficios pueden ser elementos básicos del mundo laboral.

 

 

Dicho esto, debes tener en cuenta que un traductor autónomo debe pagar diferentes impuestos e incluso tasas. En algunos países, utilicemos España de nuevo, se debe pagar una tasa anual para trabajar como autónomo.

 

Entonces, ¿cuál es la mejor opción?

 

Como has podido ver, tanto ser traductor en plantilla como ser traductor autónomo tiene ventajas e inconvenientes a partes iguales. No es tanto una cuestión de cuál es objetivamente mejor, sino de cuáles son tus prioridades y necesidades de acuerdo con tu situación actual.

 

Yo lo veo como una apuesta. Si estás dispuesto a correr el riesgo, puedes ganar mucho como traductor autónomo. Pero si prefieres jugar a lo seguro, ser traductor en plantilla es tu mejor opción.

 

Esperamos que este artículo te haya sido de utilidad. Comparte, dale a me gusta, deja tu comentario o pregunta si las tienes. No te pierdas nuestro próximo artículo sobre cómo expandir tu negocio gracias a la traducción.

 

Incluso si no estás de acuerdo con la conexión pijamas-traductor autónomo, estaremos encantados de leer tu opinión (sabemos que hay traductores que prefieren esquijamas).

 

*Créditos: tenor.com; someecards.com
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