Este artículo se nos ocurrió mientras escuchábamos “A day in the life” de los Beatles. Se trata de un recuento de los hechos que componen nuestra vida diaria, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Aunque todo es en clave de humor, muchos lectores nos han dicho lo identificados que se sintieron al leerlo. ¿Y tú?
8:00 – El despertar
Suena la alarma. Lo primero que hace un traductor profesional no es estirarse, sino revisar el móvil con un ojo medio cerrado. ¿Hay algún encargo urgente? ¿Ha contestado aquel cliente de Australia? Si no hay incendios que apagar, nos permitimos el lujo de desayunar mientras leemos las noticias (y, probablemente, detectamos tres erratas en el primer periódico digital que abrimos).
9:00 – La entrada en la «traducueva»
Encendemos el ordenador. Abrimos la herramienta TAO (Traducción Asistida por Ordenador), el correo, veinte pestañas del navegador con diccionarios y esa lista de reproducción de música que nos ayuda a concentrarnos. El café es ahora nuestro mejor amigo y nuestra única conexión con la realidad.
10:00 – El trance terminológico
Estamos en pleno trabajo. Una palabra que parece sencilla se convierte en un enigma. Pasamos 20 minutos investigando el término exacto para una pieza de una cosechadora o una cláusula de un contrato de alquiler en el Reino Unido. Al final, encontramos la solución y sentimos una satisfacción que solo otro traductor podría entender.
13:00 – El dilema del almuerzo
¿Comemos como personas normales o nos llevamos el plato al teclado? Si el plazo de entrega acecha, el sándwich se convierte en el compañero de la barra espaciadora. Si tenemos un respiro, aprovechamos para alejarnos de las pantallas, aunque nuestra mente sigue dándole vueltas a cómo adaptar ese juego de palabras tan difícil que nos ha tocado traducir.
16:00 – La revisión (u «ojos de cristal»)
Después de traducir miles de palabras, llega el momento de revisar. Es aquí cuando descubrimos que hemos escrito «casa» en lugar de «causa» o que una frase suena más a robot que a humano. Releemos, pulimos y ajustamos hasta que el texto fluye de forma natural.
18:00 – El botón de «Enviar»
Ese momento mágico. Repasamos el control de calidad, verificamos que el formato sea el correcto y pulsamos enviar. Un suspiro de alivio recorre la habitación. Por un momento, somos libres… hasta que llega la notificación de un nuevo correo.
20:00 – Desconexión (o intento de ella)
Intentamos llevar una vida normal. Salimos a dar un paseo o vamos al gimnasio, pero es inevitable: vemos un cartel publicitario mal traducido en una tienda y sentimos el impulso de sacar una foto para enviársela a nuestros compañeros. El cerebro del traductor nunca descansa del todo.
23:00 – Buenas noches, glosarios
Un último vistazo al correo por si acaso y a la cama. Mañana nos espera otra aventura entre idiomas, culturas y términos imposibles.